Flora y fauna de las alturas
Gigantescas o minúsculas, ostentosas o casi imperceptibles... así son las flores de los Andes. No importa cual
sea su apariencia, todas tienen en común el haberse adaptado con éxito a uno de los medios naturales más
rigurosos del planeta. A pesar de las inclemencias de un clima a menudo hostil, con alturas donde el oxígeno
y el frío limitan las posibilidades de existencia de toda forma de vida, las flores andinas persisten en su terco
esfuerzo por sobrevivir.
Recorrer los Andes implica recorrer sus fascinantes paisajes y escenarios naturales. Parte indisoluble de estos son, qué
duda cabe, las variadas especies de plantas andinas, como las coloridas flores de la cantuta o k'antu -la flor sagrada
de los incas- que adornan los valles interandinos o la fragilidad de las flores del porporo o granadilla silvestre,
pertinaz trepadora de las estribaciones cordilleranas.
El observador atento tiene también sus recompensas. Ocultas entre las matas de ichu o bajo la sombra de los
roqueríos se esconden pequeñas flores cuyos pétalos parecen reverberar de color. Delicadas y efímeras como la luz
del atardecer, las flores de la puna (la ortiga, el jaychampi o la chinchircuma) nos recuerdan que la belleza es un lujo
que se dan ciertas criaturas aún en estas altitudes.
La diversidad en la flora andina es tal, que resulta complejo agruparla por formas, colores o tamaños. Las hay
útiles para el hombre, como las pencas y agaves; extrañas por su apariencia, como los llicsa-zapatitos o los
chochos; o simplemente, singulares por sus características ecológicas. Allí están, como desafiando al tiempo, las
grandes puyas Raimondi o titankas (Puya raimondi), colosos vigilantes de las laderas altoandinas que se elevan
hasta los diez metros de altura y producen la inflorescencia más grande del mundo; y los bosques de queñual,
hábitat -único y exclusivo- de diversas especies de fauna silvestre como el pájaro de los queñuales (Oreomanes
fraseri), y varias especies de aves insectívoras. Además, estos bosques son el refugio predilecto de tarucas, zorros
andinos, venados y pumas.
Pero no solo la flora maravilla a quien tiene la suerte de recorrer los Andes. Aunque pocos lo saben, la fauna silvestre
de las montañas es también diversa y espectacular. Este es el hogar del sigiloso puma y el huidizo venado gris; del
solitario guanaco y el gato montés; de la vizcacha y el zorro andino. En sus cielos abundan las aves: picaflores, águilas
y halcones, loros y pericos, además de una gran variedad de pequeños pajarillos comedores de semillas. La puna,
que se ubica sobre los territorios andinos por encima de los 3.800 msnm, posee un clima muy duro, caracterizado
por grandes variaciones de temperatura a lo largo del día: frío intenso durante las noches y calor durante el día. La
puna es, en resumen, una tierra de extremos. Este es el reino del majestuoso cóndor andino y las esbeltas parihuanas;
de los patos, yanavicos y huallatas que pueblan los extensos bofedales o las zonas pantanosas.