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Comercio marino

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El documento anónimo Aviso de el modo que havia en el gobierno de los indios en tiempo del inga, recogido por María Rostworowski, hace referencia que en el valle de Chincha: “Avía seis mil mercaderes y cada uno de ellos tenía razonable caudal... y con sus compras y ventas iban desde Chincha al Cusco por todo el Collao, y otros iban a Quito y Puerto Viejo, de donde traían mucha chaquira de oro y muchas esmeraldas ricas y las vendías a los caciques de Ica, que eran mui amigos”. El documento también señala que estos mercaderes “trataban con moneda, porque entre ellos compraban y vendían con cobre lo que avían de comer y vestir” y “tenían sus pesos y pesas con que pesaban oro y plata”.

En el estudio sobre este texto del siglo XVI, Rostworowski afirma que los principales productos que traficaban estos comerciantes prehispánicos fueron las conchas de Spondylus o mullu, que tenían un gran significado ritual a lo largo de toda la costa y los andes del sur; y el cobre, que como se afirma en el documento era usado como medio de cambio.

Estos intrépidos mercaderes del sur navegaban varias semanas siguiendo la corriente peruana hasta las tierras cálidas del norte, donde intercambiaban objetos de oro provenientes de los Andes, entre otros productos. Como se ha documentado en las crónicas y en los hallazgos arqueológicos, las conchas de Spondylus -típicas de los mares cálidos de Ecuador- eran utilizadas en los ritos propiciatorios y hasta era la comida de los dioses, como se señala en los mitos recogidos por Ávila en Huarochirí. Naylamp tenía un súbdito encargado de esparcir conchas de mullu partidas a su paso.

Rostworowski afirma que los chinchanos habrían sido los principales proveedores de conchas de mullu de los incas. Únicos conocedores de las rutas marítimas -y lo suficientemente intrépidos para recorrerlas- los chinchanos podrían haber mantenido su ocupación de comerciantes, incluso bajo el espíritu totalitario del imperio inca, que prohibía la libre movilidad de las personas. Esto también explicaría que durante su encuentro en Cajamarca, solo el cacique de Chincha estaba cargado en andas, casi tan ricas como las de Atahualpa. Al preguntar Pizarro por este detalle, Atahualpa le dijo que este era su amigo y poseía “cien mil balsas en la mar”.

Otros poderosos comerciantes prehispánicos fueron los mochicas y chimús, quienes habrían tenido estrecho contacto con la región de Puná y Mantas en Ecuador, en busca de las conchas de spondylus, a cambio de oro y cobre, que ellos trabajaron como nadie. Hermann Buse señala que el tráfico de esmeraldas impulsó a los chimúes a navegar hasta el extremo norte de Ecuador. Cuando Bartolomé Ruiz encontró la balsa tumbesina en los mares del norte, estos venían de tratar con sus vecinos y portaban gran cantidad de mercancía: “trayan muchas piezas de plata y oro para el adorno de sus personas para hacer rescate con aquellas...” Entendamos la palabra rescate como intercambio, es decir, trueque.

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