Mar adentro
Las embarcaiones en el antiguo Perú
Quizás el cambio más importante que realizó el hombre de la costa en tiempos prehispánicos fue la invención de las embarcaciones. Hermann Buse lo describe de esta forma: “...Entonces, obligado a aventurarse a aguas profundas, con las manos libres para pescar (es decir, y esto es lo importante: sin nadar), echó mano de un ‘tronco flotante al azar o de un ‘manojo de juncos’. Sobre ese trozo o sobre ese haz de juncos o pajas secas, fue a horcajadas, como quien monta sobre un animal. De una mano se asía; con la otra pescaba”.
Esta liberación de las manos en el mar a través de las embarcaciones le permitió al hombre ampliar sus dominios y multiplicar su producción, creando un importante excedente. De esta forma también pudo capturar especies nuevas y más grandes de peces, que eran secados para su conservación y posteriormente para el comercio con los yungas del valle o los hombres de las alturas.
Poco sabemos sobre el origen de las embarcaciones, sobre todo las de totora, que no han resistido al tiempo para ser excavadas, sin embargo, las crónicas de siglo XVI se refieren a la costumbre muy antigua de los pescadores del litoral de usar balsas de totora y troncos, sobre todo en el norte del país.
Hermann Buse se refiere a cuatro tipos de balsas en el Perú prehispánico: la balsa de totora, la de troncos, la de calabazas, usada para cruzar los ríos y no para la pesca marina; y la de odres o pellejos inflados, usada solo en el sur. A continuación nos ocuparemos de cada una de estas.
Balsas de troncos
En la Relación escrita por Sámano-Jerez, se relata el encuentro que tuvo el piloto Bartolomé Ruiz con una balsa de tumbesinos, a la altura del cabo La Galera. Este fue el primer encuentro que tuvieron los españoles con nativos del Perú; Ruiz confundió la balsa de troncos con una carabela, debido a su gran tamaño y al uso de velas latinas, pero al acercarse se dio cuenta que se trataba de una embarcación de palos: “Este navío... tenía parecer de cabida de hasta treinta toneles; era hecho por el plan y quilla de unas cañas tan gruesas como postes, ligadas con sogas de uno que dicen eneguén, que es como cáñamo, y los altos de otras cañas más delgadas, ligadas con las dichas sogas, adonde venían sus personas y la mercadería en enjuto porque lo bajo se bañaba. Traía sus mástiles y antenas de muy finas madera y velas de algodón del mismo talle, de manera que nuestros navíos, y muy buena jarcia del dicho eneguén y unas potalas por anclas...”