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Dioses de las olas

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En su obra Pesca, siglos VXI y XVII, la investigadora María Rostworoswki hace las siguientes reflexiones: “Desde el litoral peruano la visión del océano es infinita. El Sol surge tras las altas montañas para desaparecer en esas inquietantes soledades marinas. ¿Qué zozobras asaltarían al poblador yunga al suponer que el océano retenía en su seno a los cuerpos celestes? ¿Qué supuestas luchas y contiendas se librarían en esas profundidades para poder retornar triunfantes y brillar sobre la tierra?”.

Con seguridad estos mismos pensamientos animaron a los primeros pobladores costeros desde el inicio de los tiempos y los motivaron a engranar una compleja cosmovisión que explicara el por qué de tanta inmensidad frente a ellos. Rostworowski continúa diciendo: “Si bien el mar sobrecogía al hombre andino, también se convertía, al igual que la tierra, en una fuente de bienestar para los habitantes de las dilatadas costas. Conviene recordar que tanto la tierra como el mar en quechua se llaman mama, y ambas madres alimentan con sus generosos dones a sus hijos y seguidores”.

Larga sería una enumeración completa de los dioses y personajes divinos relacionados con el mar en la costa peruana prehispánica, pero aún así, intentaremos aproximarnos a los más representativos de cada estadio cultural.

Empezaremos por el mito de Urpay Huachac, una diosa muy venerada en el templo de Pachacamac, que hace referencia a la llegada de los peces al mar. El mito, recogido por Francisco de Ávila en las alturas de Huarochirí, cuenta cómo el dios Cuniraya Huiracocha llegó a Pachacamac en busca de Cahuillaca, quien se había hundido en el mar con su hijo transformándose en las actuales islas de San Pedro. Cuando se enteró que Urpay Huachac había ido a visitar a Cahuillaca montó en cólera y violó a una de las hijas de Urpay Huachac, que se transformó en paloma. Luego tomó los peces que criaba esta en un estanque en su casa y los arrojó al mar. Esta sería la causa por la que hoy el océano está lleno de peces.

Rostworoswki afirma que: “es posible que este mito indique el arribo a la región central de alguna migración o difusión de conocimientos necesarios para confeccionar embarcaciones, novedad que hizo posible la pesca en alta mar, causando indirectamente aumento y auge en la población yunga”. Cabe mencionar que el santuario de Ychsma o Pachacamac fue un sitio reverenciado por los pescadores y según el padre Cobo, allí existía un estanque cercano al palacio de las mamaconas donde se criaban peces, como recuerdo de Urpay Huachac. Cristóbal de Albornoz, en su visita como extirpador de idolatrías en 1620, señala a Urpay Huachac como una isla en la región de Chincha, donde los pescadores tenían una huaca. Los yauyos, que vivían en los valles altos de Lurín y Lima, adoraban a las cinco hermanas del dios Pariacaca, una de ellas era Urpay Huachac.

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