De dioses y barro
Las primeras ocupaciones humanas en La Libertad se remontan
unos 12.000 años atrás, cuando llegaron los primeros pobladores
de Sudamérica. Cazadores bien especializados trajeron consigo
una larga experiencia de desarrollo desde el continente asiático.
En la costa cazaban peces con puntas de proyectil a manera de
arpones, atrapaban pequeños animales y cazaban venados como
parte básica de su dieta. A ello se agregaba la recolección de
raíces, tubérculos y frutos diversos que se encontraban en los
oasis formados por los ríos que descienden de las montañas. Sus
congéneres de la sierra eran cazadores especializados de cérvidos y
camélidos y vivían en pequeños grupos que se desplazaban de una
zona ecológica a otra estacionariamente en búsqueda de mejores
recursos. Ellos ocuparon abrigos rocosos para protegerse de la
intemperie y construyeron refugios con ramas y hojas.
Hacia los 6.000 años antes del presente, estos grupos empezaron a
domesticar plantas y animales y con ello se volvieron sedentarios.
Empezaron a construir viviendas más duraderas con piedra
y barro. El control de la producción de alimentos produjo
excedentes que incrementaron la población y con ella aparecieron
las primeras aldeas, y luego los centros ceremoniales. Unos de
los sitios más representativos es el de Huaca Prieta, ubicado en
la desembocadura del río Chicama. En este montículo artificial
fueron registrados viviendas semisubterráneas hechas a base de
guijarros de la playa; sin embargo, la información más importante
recolectada es aquella sobre los primeros cultígenos en la costa:
calabazas, fríjol y algodón. Junius Bird, quien excavó el lugar entre
1947 y 1948, recuperó redes de pesca, cestería y calabazas con
diseños pirograbados que representaban aves y seres míticos.
Uno de los sitios más representativos de este momento de la historia
liberteña son los templos y otras estructuras del complejo Caballo
Muerto en las cercanías de pueblo de Laredo. En este complejo,
compuesto por pirámides y patios, destaca una estructura conocida
como Huaca de Los Reyes, compuesta por un cuerpo central y dos
laterales a manera de brazos que encierran un patio. El cuerpo
central se compone de atrios y ambientes a manera de salas hipóstilas
donde destacan sus muros con esculturas en barro policromo que
representan los rostros de sus divinidades. A la sociedad que erigió
estos edificios alrededor del 4.000 antes del presente, se le conoce
como Cupisnique. Ellos desarrollaron la agricultura a base de
sistemas de riego, la metalurgia del oro, la cerámica modelada y los
tejidos de algodón. También, posiblemente, desarrollaron la pesca
con las balsas de enea, los muy conocidos "caballitos" de totora.
Los cupisniques fueron influenciados al final de su desarrollo por
la cultura Chavín, civilización de los andes que creó un sistema
religioso tan complejo y organizado que le permitió llevar su
doctrina por casi todo el territorio actual del Perú. Es posible
que una de sus divinidades principales -que aparece en la estela
Raimondi- haya perdurado unos 2.000 años más en otras culturas
como Moche, Tiahuanaco y Wari. Por ello todos los especialistas
han reconocido a los chavines como los creadores de una civilización
que desarrolló una forma de estado teocrático.