Arquitectura, la ciudad de Pizarro
La fundación de ciudades en el Perú fue el hecho que marcó la verdadera ocupación española del territorio
conquistado. Según lo estipulaban las leyes ibéricas, la construcción de poblados en las regiones anexadas a la
Corona debía seguir el estilo impuesto en España. Esto mandaba a trazar cuadrículas a partir de una plaza ubicada
al centro de la ciudad; es el famoso estilo de 'damero' que tan bien conocemos los limeños.
Rodeando la plaza se debía construir la iglesia, el cabildo y la casa del gobernador, así como las viviendas de los
ciudadanos principales, sobre todo aquellos que habían participado activamente en el proceso de conquista; es
el caso de la casa de Juan de Aliaga -compañero de Francisco Pizarro desde la isla del Gallo- que hasta hoy se
mantiene en pie junto al Palacio de Gobierno.
Pocos son los ejemplos que hasta hoy sobreviven de la arquitectura primigenia de la ciudad que fundó
Pizarro en 1536, sobre todo a causa de los terremotos de 1687 y 1746 que asolaron la ciudad colonial, sin
embargo, contamos con notables monumentos de los siglos XVII y XVIII, que constituyen verdaderas joyas
del arte colonial americano.
En el siglo XVII el barroco llegó a nuestro país y encontró a los alarifes -como se llamaba a los maestros
de obra- en plena madurez artística, tras casi dos siglos de obras ininterrumpidas a lo largo de los Andes. La
reinterpretación dada al barroco por los arquitectos peruanos brindó a las ciudades coloniales una marca
distintiva. A los esquemas tradicionales importados desde Europa, los artistas peruanos sumaron mucho de las
técnicas e iconografía prehispánica, lo cual se puede apreciar claramente en el denominado 'barroco mestizo'
de Arequipa y los Andes del Sur.
De otro lado, con la llegada de la Contrarreforma religiosa del siglo XVII, la construcción de iglesias también
sufrió cambios significativos; las viejas plantas isabelinas fueron cambiadas por plantas en forma de cruz latina, con
objeto de acentuar el simbolismo en el culto cristiano. De esta época datan las iglesias de San Francisco, La Merced
y San Agustín, íconos del arte colonial americano.