Paracas: un santuario entre las olas
En pocos lugares del mundo la naturaleza ha creado tanta concentración de especies y poblaciones de fauna, rodeadas de una belleza escénica tan resaltante, como en Paracas, en la costa sur del Perú. Aquí se produce una inimaginable contradicción, entre una costa desértica, donde casi nunca llueve, y un mar pródigo de recursos que sustenta a pescadores y a numerosas poblaciones humanas dedicadas al turismo.
El desierto de Paracas es una de las regiones más secas del planeta y es azotada continuamente por vientos de arena que pueden llegar a oscurecer el cielo. Los antiguos pobladores de estas costas los llamaron paracas, y en su honor se nombró a este paraíso terrenal.
Los paisajes desérticos de Paracas ofrecen una extensa gama de colores que se aprecian mejor al atardecer: playas de arena roja, negra o gris, dunas en donde el viento forma cada día caprichosas formas y texturas, que constituyen el deleite máximo para los amantes de la naturaleza. Esta costa antigua se une al mar en acantilados y playas de una enorme variedad de formas, donde aves y mamíferos marinos buscan refugio de forma permanente o estacional, convirtiéndose en un gran atractivo para los observadores de fauna silvestre.
En el mar, las islas ofrecen un panorama de rompientes y enormes poblaciones de lobos marinos, aves y especies endémicas de las frías aguas de la Corriente de Humboldt. El mar sustenta a estas especies con abundancia de alimentos: plancton, peces, moluscos, entre otros que hacen de Paracas el Arca de Noé de la costa del Pacífico sudamericano.
Las lagunas salobres también ofrecen una variedad de aves de orilla, así como los pintorescos flamencos, que en su vuelo muestran los colores blanco y rojo, que inspiraron al libertador del Perú, José de San Martín, los colores de la bandera peruana.