La cruz y la espada, Las iglesias del Colca
Viajar por el valle del Colca es una experiencia única y llena de sorpresas. Las iglesias de sillar de sus pueblos coloniales
ofrecen imágenes invalorables para el viajero; poderosas figuras barrocas que miran a sobrias plazas y se recortan
sobre un intenso cielo azul, o aparecen misteriosas bajo una bruma de plata que apenas revela estos sorprendentes
monumentos construidos por los españoles durante la Colonia.
Sus sólidos contrafuertes que protegen las grandes paredes contra la furia de los terremotos, sus robustas torres
blancas, las fachadas decoradas con querubines, y la firme estructura de sus naves, ofrecen un extraño contraste con las
humildes casas de adobe y dinteles de piedra que se esparcen en las angostas y polvorientas calles de cada pueblo.
Los esfuerzos constructivos de los collaguas en las iglesias del Colca fueron considerables. Su destreza para trabajar
la piedra se evidencia a través de los siglos, desde las capillas renacentistas forjadas sobre las fachadas de las igesias,
hasta la presencia masiva, durante el siglo XVII, de templos de gran tamaño y significancia, como el de Lari.
Casi todas las iglesias del valle parecen haber sido construidas en el último tercio del siglo XVIII y los inicios del siglo
XIX, aunque la fecha más antigua, encontrada en el arco del atrio del templo de Sibayo, indica el año 1692, dato que se
repite en la torre de la epístola, al interior de la iglesia.
La decoración de los templos del Colca contribuyó con elementos innovadores. El criterio usado para cortar el sillar
revela una adaptación y reinterpretación hecha por los collaguas a las viejas tradiciones arquitectónicas europeas, en
conjunción con formas estilísticas prehispánicas.